Por lo general no solemos parar un momento y pensar en que esa puede ser la última vez (y que es muy diferente a la primera).
A mitad del beso no pensamos que puede ser el último;cuando estamos disfrutando de un momento a más no poder, no pensamos en que puede no haber otro ; cuando nos vamos a dormir o nos despedimos de alguien con un 'hasta luego', 'adiós ' o' hasta mañana ', no pensamos que puede no haber un mañana.
Por eso hay que valorar más los detalles, las pequeñas cosas y hasta los momentos cotidianos, esos que creemos no van a acabarse jamás, porque no se sabe lo que puede pasar.
Y tampoco nos damos cuenta de como cambiamos o como cambia nuestra forma de actuar cuando nos acostumbramos a algo (o alguien), cuando ya sabemos que esa persona va a estar ahí. Cuando empezamos a hablar con alguien leemos dos veces (o más) lo que estamos por mandar, en cambio cuando esa persona no es "nueva" y ya nos conoce, todo se hace más fácil, más automático y muchas veces dejamos de disfrutar de las conversaciones o de los momentos, sin pensar en una última vez.
Si pensamos en esto, en la última vez, cada vez que hacemos algo que ya es común y que lo hacemos como "una cosa más" , todo sería más fácil, todo estaría lleno de amor, melancolía o nostalgia, disfrutariamos de todo. Pero lamentablemente somos así, no nos damos cuenta de lo que teníamos hasta que lo perdemos y en algunos casos se puede recuperar eso perdido, en otros puede ser muy tarde.
Hay que vivir cada día como si fuera el último, abrazar como si no hubiese otra ocasión, besar como si no hubiese un mañana y hacer todo con pasión, lleno de amor.
Fue un tropezón emocional de una escritora por diversión.
lunes, 15 de febrero de 2016
Como la última vez
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario